Capítulo 11: Desafio completado


Capítulo 11: Desafío completado


Al llegar a los establos y abrazar a Troya se tranquilizó, la yegua no se asustó ni encabritó en ningún momento a pesar de que Al aún tenía el aura llena de fuego. Pero curiosamente no se materializaba, era como un aviso a sus enemigos pero realmente no quemaba, ni siguiera se notaba. Troya dejó que la cepillara y la peinara, y cuando volvió a la normalidad Al se sintió caer.

La rabia se había esfumado y había dejado un espacio sin llenar dentro de ella, la primera vez que ocurrió eso fue muchos años atrás, cuando su madre desapareció; y una sensación de tristeza la inundó completamente llenando ese hueco vacío y colándose entre su piel y sus ojos, animándola a llorar.

Estaba a punto de hacerlo cuando notó una presencia a su espalda, la reconoció, en cierto modo fue reconfortante ver a James detrás de ella pero Al se tensó. No iba a dejar que nadie la viera llorar, así que se mordió el labio en un intento desesperado por no dejar las lágrimas salir y se volvió hacia él.

James parecía preocupado por ella, respiraba entrecortadamente como si hubiese estado corriendo. Al verle volverse se relajó, pensó que estaría llorando, debería haber supuesto que los hijos de Ares no lloraban tan fácilmente. Pero con la huida el peinado se le había desecho y un mechón de cabello le tapaba el ojo. James alargó el brazo para colocárselo pero a mitad de camino volvió a la realidad y apartó la mano bruscamente.

- ¿Estás bien? – le preguntó en su lugar. Pero Al no contestó, en lugar de eso asintió levemente con la cabeza y ambos se quedaron en silencio. Al cabo de unos segundos Al se volvió y siguió cepillando a Troya, quien atrajo entonces la atención de James.

- ¿Es la yegua que te dio tu padre? ¿Cómo se llama?

- Troya – respondió Al orgullosa.

Troya relinchó satisfecha, y James alargó la mano para acariciarla pero esta se apartó altiva y se refugió en un rincón de su cuadra. James estaba acostumbrado a no ser querido por los animales así que se limitó a encogerse de hombros.

- Creo que no le caigo bien a tu yegua – respondió sencillamente.

- Ni tú ni nadie – le respondió Al riéndose – Y si sigues sin llamarla por su nombre, le caerás aún peor.

- Ah, ahora lo entiendo todo. Entonces ¿es igual que cabezota que su ama? – Al le dedicó una mueca pero sonrió interiormente, ya se había tranquilizado.- Por cierto, tengo que decirte una cosa - Pero en ese instante se vio interrumpido por una voz que venía del otro lado del establo.

- ¡Está bien! ¡Acepto! – Dijo la voz- ¡Nos veremos en la carrera!

Lizbeth había estado espiándolos y después de decir esto se fue corriendo. James y Alcipe se quedaron callados. Al estaba confusa ¿Qué le había hecho cambiar de opinión tan de repente?, no entendía a Liz, pero su desafió le había devuelto las fuerzas. Se volvió hacia James y dijo:

- ¿No es genial? Vamos a vencerles y a conseguir que nos hagan caso de una vez por todas – se giró hacia Troya y le dijo- No te muevas, voy ahora mismo a traer a Kevin.

Y dicho esto salió del establo hacia su cabaña, dejando a James con la palabra en la boca. James y Troya se miraron, ambos estaban compartiendo a Al, y a veces podía llegar a ser muy volátil e imprevisible.


James suspiró mientras se dejaba caer, bueno, precisamente por eso le gustaba.


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